Había una vez, un final feliz.

Sigue mirando por la ventana.
Pobre ilusionada que tiene la esperanza de verlo algún día regresar.
En lugar de eso, los días pasan tranquilamente uno tras otro, haciendo creer que curan, cuando en realidad solamente duelen. Ella puede dar fe de que es así, pues ya no conoce los días de otra manera diferente a aquella.
Peor que los días tan solo eran las noches. Sola en la cama revivía los momentos que habían pasado juntos en aquel bello lugar de su casa. Bello antes, ahora esa belleza se había vestido de tristeza y soledad, parecía un lugar completamente diferente. 
Y así pasaba el tiempo, días seguidos de sus noches, seguidas de sus días y así se entrelazaba una cadena que parecía no tener fin en ningún momento.
Sonrisas que escondían lágrimas que evitaban preguntas y un falso ''todo está bien''. 
Que fuerte es a pesar de lo frágil que pueda aparentar al secarse una lágrima. Pero la fuerza se siente a su alrededor cuando ríe sin fuerza alguna para demostrar que ha superado aquello que tanto duele.
Cuantas tardes sentada en la ventana sabiendo que no obtendrá resultado, al contrarío, la mortificación la corroe.
Pero aquella tarde fue diferente, todo el día en sí estaba cargado de un aire de esperanza fuera de lo normal. Hacía tiempo que no se despertaba con una sonrisa en su cara, y la de esa mañana era más grande de lo normal, hacía que todo estuviera realmente bien.
Y ahí estaba, una tarde más en la ventana, diferente efectivamente a las demás.
Una figura a lo lejos, se acercaba con pasos pequeños, caminaba con miedo, como el que no está seguro de lo que pueda pasar, intranquilo, en alerta por si es necesario huir. 
Ella se levanta, y baja lentamente las escaleras incrédula, con miedo a no encontrarle cuando baje, pero al abrir la puerta lo vio, como tantas veces lo había visto en ese mismo lugar, en esa misma posición, con la misma sonrisa tímida de siempre, esa que tan loca la volvía. 
Se acercó despacio, y tan solo esperó, pues él hizo el resto, como ella llevaba tanto tiempo esperando.
Pero aún fue mas hermoso de lo que ella podía imaginar. 
No hacían falta palabras de disculpa, pues aquel abrazo lo había dejado todo claro. Valió la pena la espera, las lágrimas, las noches y los días, lo sintió en el fondo de su ser. Pues estaba ahí una vez más, después de tantos meses y tanto tiempo perdido. Y no importa cuando tiempo se fuera a quedar esta vez, pues lo bueno se hace esperar, y a pesar de todo lo que pueda llegar a pasar en el camino, si se está destinado a estar juntos, así será.

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