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Normalmente, nos damos cuenta cuanta de que algo no va bien, que no es como debería de ser. Eso es bueno, me refiero al hecho de que nos demos cuenta y hagamos algo para hacer que eso no funcione se arregle. El problema está cuando no nos damos cuenta de que algo no cuadra, y no somos consientes de que hay que hacer algo. Pero el verdadero problema está, cuando si nos damos cuenta, pero no tenemos ni idea de que hacer para que eso cambie.

Puntos suspensivos.

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El tiempo de recuperación depende de la gravedad de la lecciones, y no siempre acaba bien, por mucho que nos esforcemos, algunas heridas no cicatrizan. Podrías tener que adaptarte a una nueva vida, quizá el cambio ha sido muy radical, para volver a su ser. Puede que ni te reconozcas, es como si no te hubieras recuperado de nada, eres una persona nueva, con una vida nueva.

Brindo por esas personas que un día me dijeron "para siempre" y que hoy ya no están a mi lado.

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A veces me pongo a pensar y me acuerdo de esa gente que no está, que se fue, que echo de menos, y es cuando me pregunto, por qué la vida pone en tu destino a alguien y luego te lo quita así de golpe.

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Siempre queremos algo. Somos inconformistas por naturaleza y ansiamos lo que no podemos tener. Cuantos menos posibilidades tenemos de alcanzar algo, más ganas tenemos de tenerlo. Es estúpido. Sobretodo cuando esperamos obtener nuestro objetivo sin ningún esfuerzo, como por arte de magia.  Un consejo, si quieres algo, lucha por ello y puede que lo consigas, porque si no luchas, puede que lo consigas también, pero hay más posibilidades de que no.

Why?

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Es complicado todo eso. Nunca había pensado cosas como esas, aunque la verdad es que es algo a lo que me enfrenté desde el primer momento.  Me dicen, que es algo normal, que es una de los muchos síntomas que tiene, por decirlo de algún modo, efectos secundarios.   Lo bueno es, que si ocurre así realmente, estará todo perfecto, y sería todo como quiero que sea. Lo malo, que si no, se destrozará todo, y no quedará nada.

Comunicación.

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Es lo primero que aprendemos en esta vida. Lo gracioso es que, en cuando crecemos, nos aprendemos las palabras y empezamos a hablar, empezamos a darnos cuenta de lo difícil que es saber que decir. O como pedir lo que realmente necesitamos. Al finalizar del día, hay cosas de las que no puedes evitar hablar. Cosas que no queremos oír, y cosas que decimos porque no podemos callárnoslas más.  Hay cosas que son más de lo que decimos, son lo que hacemos. Cosas que decimos porque no nos queda otra. Cosa que nos guardamos para nosotros mismos. Y, no siempre, pero de vez en cuando, cosas que simplemente hablan por si mismas.

Probable, poco probable.

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La real academia define la palabra imposible como algo que no tiene facultad ni medios para llegar a ser o suceder, y define improbable como algo inverosímil, que no se funda en una razón prudente. Puestos a escoger a mi me gusta más la improbabilidad que la imposibilidad, como a todo el mundo supongo... La improbabilidad duele menos y deja un resquicio a la esperanza, a la ética. El amor, las relaciones, los sentimientos, no se fundan en una razón prudente por eso no me gusta hablar de amores imposibles sino de amores improbables, porque lo improbable es por definición probable... Lo que es casi seguro que no pase, es que puede pasar, y mientras haya una posibilidad, media posibilidad entre mil millones de que pase, vale la pena intentarlo.

Quedan exactamente 49 días...

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Es patético que a pesar de casi 10 meses yo siga preocupada por eso. No vale la pena, o eso es por lo menos lo que quiero creer. El año pasado me llamaste, y me lo dijiste.  Ya tengo completamente asimilado que este año no me llamaras. Ni este, ni el otro, ni el otro, ni el próximo... así que sabiendo esto debería borrar tu número de la agenda de mi móvil, pero supongo que sigo teniendo la estúpida esperanza de que algún día me llames. No lo harás. Lo sé. Espero equivocarme y que lo hagas, pero no, sé que no lo harás. Así que yo seguiré con todo esto, mientras tu lo olvidas todo y me resignaré a que nada más se puede hacer. Un millón de palabras no pueden hacer que vuelvas, lo sé porque lo he intentado, tampoco un millón de lagrimas, lo sé porque he llorado hasta no poder más. Ya sabes, sin cariño no cambies.